Relajémonos pues, que el estrés de la productividad mal entendida no es bueno, y disfrutemos de este espléndido país que tenemos: sol, playa y cervecita, y que produczan otros, que ya estoy estresao de escribir, y seguro que en escusas mil sí que tendremos productividad. Dejo pues la fábula de Tomás de Iriarte mientras llega lo que sea…
